Sector textil fortalece calidad

La calidad es uno de los temas en la mesa de análisis en los diferentes sectores de producción y de servicios. La Asociación de Confeccionistas Textiles (Acontex) realiza el tratamiento de la guía de buenas prácticas de calidad en la industria textil.

Mario Manjarrés, director ejecutivo recuerda la evolución y etapas de la calidad: Artesanal (una persona fabrica todo); industrial (masa, diversificación de trabajo, migración, estandarización, baja costos y calidad); control de calidad (parámetros, departamentos de control de calidad final al entregar al cliente, control estadístico, conformidad y especificaciones); aseguramiento (desarrollo de normas, aseguramiento de procesos, gestión de estándares); calidad total (gestión de organización, productos, satisfacción de los clientes).

Recuerda la definición de calidad, la norma ISO 9001:2008 la define como la capacidad de un conjunto de características intrínsecas para satisfacer requisitos.

Para Manjarrés es necesario pensar y plasmar expectativas del consumidor y la calidad del producto varía de acuerdo al desempeño que tendrán y al segmento de mercado al cual está dirigido.

El nivel de calidad del producto es adecuado cuando se piensa en los requerimientos del consumidor, para que las características del producto no sean vistas como costosas o que no sirven para el cliente final.

La calidad se construye en cada diseño y en cada proceso no se puede crear a través de la inspección (1950) Dr. Kaoru Ishikawa.

Fuente: El Heraldo

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Comentarios 1

Invitado - Mario Manjarres en Sábado, 22 Agosto 2026 17:54

Muchas gracias a Koneggui por mantener vigente esta reflexión y a El Heraldo por haber abierto este espacio de análisis.

Han pasado varios años desde esta conversación, la calidad no es un área, una inspección ni el resultado de revisar un producto al final; es la consecuencia de cómo toda una organización piensa, diseña, decide y ejecuta cada proceso.

En la industria de la moda y las confecciones, un producto puede estar bien elaborado técnicamente y, sin embargo, no tener la calidad que el mercado espera. La verdadera calidad comienza mucho antes de la producción: cuando entendemos al consumidor, definimos correctamente el propósito del producto, diseñamos sus características, controlamos los procesos y logramos que lo que ofrecemos realmente genere valor.

Hoy agregaría algo más: la calidad también debe ser rentable, repetible y sostenible. De poco sirve fabricar un producto excelente si el proceso genera desperdicios, costos innecesarios, retrasos o una experiencia insatisfactoria para el cliente.

Sigo creyendo que el gran desafío de nuestras empresas no es simplemente “controlar errores”, sino construir sistemas capaces de prevenirlos desde el origen.

Gracias por conservar y compartir este contenido. Es muy interesante mirar atrás y comprobar que algunas preguntas siguen vigentes, pero también reconocer cuánto debemos seguir evolucionando. La calidad no termina cuando el producto sale de la fábrica; termina —o comienza nuevamente— en la experiencia del cliente.

¿Cuántas empresas todavía intentan “inspeccionar” la calidad al final, en lugar de diseñarla desde el principio?

Muchas gracias a Koneggui por mantener vigente esta reflexión y a El Heraldo por haber abierto este espacio de análisis. Han pasado varios años desde esta conversación, la calidad no es un área, una inspección ni el resultado de revisar un producto al final; es la consecuencia de cómo toda una organización piensa, diseña, decide y ejecuta cada proceso. En la industria de la moda y las confecciones, un producto puede estar bien elaborado técnicamente y, sin embargo, no tener la calidad que el mercado espera. La verdadera calidad comienza mucho antes de la producción: cuando entendemos al consumidor, definimos correctamente el propósito del producto, diseñamos sus características, controlamos los procesos y logramos que lo que ofrecemos realmente genere valor. Hoy agregaría algo más: la calidad también debe ser rentable, repetible y sostenible. De poco sirve fabricar un producto excelente si el proceso genera desperdicios, costos innecesarios, retrasos o una experiencia insatisfactoria para el cliente. Sigo creyendo que el gran desafío de nuestras empresas no es simplemente “controlar errores”, sino construir sistemas capaces de prevenirlos desde el origen. Gracias por conservar y compartir este contenido. Es muy interesante mirar atrás y comprobar que algunas preguntas siguen vigentes, pero también reconocer cuánto debemos seguir evolucionando. La calidad no termina cuando el producto sale de la fábrica; termina —o comienza nuevamente— en la experiencia del cliente. ¿Cuántas empresas todavía intentan “inspeccionar” la calidad al final, en lugar de diseñarla desde el principio?
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