Durante años, la mayoría de las organizaciones han operado bajo un modelo de gestión funcional, donde cada área trabaja de forma independiente en función de sus responsabilidades. Sin embargo, la evolución de los sistemas de gestión y la necesidad de mejorar la experiencia del cliente han impulsado un cambio hacia la gestión por procesos.

Comprender la diferencia entre ambos enfoques es clave para mejorar la eficiencia, reducir errores y generar valor sostenible.

¿Qué es la gestión funcional?

La gestión funcional organiza la empresa en departamentos o áreas especializadas, como:

  • Finanzas
  • Recursos Humanos
  • Operaciones
  • Comercial
  • Logística

Cada área se enfoca en cumplir sus objetivos internos, con estructuras jerárquicas claras y responsabilidades definidas.

Ventajas

  • Especialización técnica
  • Claridad en roles y responsabilidades
  • Control jerárquico estructurado

Limitaciones

  • Silos organizacionales
  • Duplicidad de actividades
  • Falta de visión del cliente
  • Problemas en la coordinación interdepartamental

En este modelo, el desempeño global puede verse afectado aunque cada área cumpla sus metas.


¿Qué es la gestión por procesos?

La gestión por procesos se centra en el flujo de actividades que generan valor para el cliente, integrando diferentes áreas en un mismo proceso.

Un proceso típico puede involucrar múltiples departamentos, por ejemplo:

Proceso de atención al cliente:
Ventas → Operaciones → Logística → Facturación → Postventa

El foco deja de estar en el área y pasa a estar en el resultado.

Ventajas

  • Visión integral de la organización
  • Reducción de reprocesos
  • Mayor eficiencia operativa
  • Mejora de la experiencia del cliente
  • Base para la mejora continua


Relación con ISO 9001

La norma ISO 9001 promueve el enfoque basado en procesos como principio fundamental del Sistema de Gestión de la Calidad.

Esto implica:

  • Identificar procesos
  • Definir interacciones
  • Establecer indicadores
  • Gestionar riesgos
  • Aplicar mejora continua

Por ello, las organizaciones que migran a este enfoque suelen lograr mayor madurez en su sistema de gestión. 

¿Se debe eliminar la gestión funcional?

No. La realidad es que ambos modelos deben coexistir.

La gestión funcional aporta especialización y estructura, mientras que la gestión por procesos aporta integración y enfoque en resultados.

El reto es evolucionar hacia un modelo híbrido donde:

  • Las áreas mantengan responsabilidades técnicas
  • Los procesos integren la cadena de valor
  • La organización se oriente al cliente

Cómo migrar hacia la gestión por procesos

Las organizaciones pueden iniciar este cambio mediante:

  1. Identificación del mapa de procesos
  2. Definición de responsables de proceso
  3. Documentación de flujos AS-IS y TO-BE
  4. Implementación de indicadores transversales
  5. Gestión de riesgos y oportunidades
  6. Digitalización de procesos
  7. Capacitación del personal

Conclusión

La gestión funcional fue clave en el desarrollo organizacional tradicional, pero hoy resulta insuficiente frente a entornos dinámicos y centrados en el cliente.

La gestión por procesos permite integrar áreas, optimizar recursos y mejorar resultados, convirtiéndose en un pilar de la excelencia operativa y de los sistemas modernos de gestión.

Las organizaciones que adoptan este enfoque no solo mejoran su desempeño interno, sino que fortalecen su competitividad y capacidad de adaptación.